domingo, 15 de mayo de 2016

Calendario medieval de San Isidoro de León


     En Agosto de 1996 pasé unos días en León con el objetivo de conocer esta hermosa ciudad y visitar, especialmente, su bellísima catedral gótica y la iglesia románica de San Isidoro, levantada sobre otra basílica más antigua de arte asturiano. El templo actual se remonta al siglo XI y es de planta basilical de tres naves sobre pilares con medias columnas adosadas, que sostienen arcos peraltados de medio punto. La nave central se cubre con bóveda de medio cañón, mientras que las laterales lo hacen con bóvedas de arista, como es habitual en este tipo de construcciones. Posiblemente, lo más interesante lo encontramos en el Panteón de los Reyes, construido por doña Sancha entre los años 1056 y 1066 para enterrar a su esposo Fernando I de Castilla. Consta de tres naves con bóvedas de arista sobre columnas y pilares con columnas adosadas. Las primeras, cuando son exentas tienen un grosor enorme, desproporcionado con su altura y descansan sobre una sólida base con plinto. Cuando me encontré en su interior, recordé, que algunos lo consideraban la “Capilla Sixtina del arte románico español,” pues los pintores castellanos decoraron las bóvedas y parte de los muros durante el reinado de Fernando II, en el último tercio del siglo XII. Aparecen representados el Pantocrátor rodeado del Tetramorfos, la anunciación a los pastores, la degollación de los inocentes, entre otras escenas bíblicas. Pero no fue en una bóveda, sino en el intradós de un arco, en donde observé la representación que me resultó más curiosa, y la única cuya temática no era religiosa. Me refiero a las figurillas que aparecían en los doce círculos que simbolizaban los meses del calendario románico agrícola, aunque hoy día hay quién lo interpreta como una metáfora del paso del tiempo y no un calendario propiamente dicho.
     Esta pintura llamó mi atención, por la información que nos transmite de aquella sociedad rural que contaba con lo justo para subsistir, pues nos informa de una manera gráfica y sencilla, sobre cuál era la actividad más importante de cada mes de los habitantes leoneses de ese período. Tarea que no nos llevará mucho tiempo, sólo tenemos que echar un vistazo al interior del arco para averiguarlo.

     Empezando por el mes de enero, nos encontramos un hombre con cuerpo de frente y doble rostro, que mira a su derecha y a su izquierda. Mientras cierra una puerta con su mano derecha (el año que termina), abre otra con su mano izquierda (el año que comienza). Imagen inspirada en el dios romano Jano Bifronte que miraba simultáneamente a oriente y occidente. Considerado como el portero que abría y cerraba las puertas o épocas.
     El mes de febrero aparece representado por un anciano cubierto por una pesada capa de color oscuro, para resguardarse del frío de los duros inviernos de León, a la vez, que deja al descubierto sus manos y sus pies, que calienta en una hoguera próxima.
     En el mes de marzo, nos encontramos con un hombre en plena faena agrícola, concretamente se encuentra podando con unas grandes tijeras una planta de vid. La importancia del vino como complemento de la alimentación en estos momentos y como bebida reparadora, es conocida por los historiadores.
     El mes de abril se encuentra representado por un hombre de frente, que nos mira complacido con los brazos extendidos, portando una planta en cada mano. Podría indicarnos la llegada de la primavera y la recogida de algunas cosechas.
     El mes de mayo es menos pacífico, aquí nos encontramos con un militar que prepara su caballo y su escudo, para una campaña bélica que empezaban con el buen tiempo en la Edad Media. La desproporción de las figuras resulta llamativa. En los meses siguientes dominan las tareas agrícolas.
     El mes de junio aparece representado por un hombre que trabaja la tierra y, lamentablemente, el paso del tiempo nos ha privado de ver su rostro y la planta que sujetaba con su mano izquierda, la cual, trataba de cortar con la hoz que porta en su mano derecha. Es en el verano cuándo se recogía gran parte de lo que producía la tierra de labor.
     En el mes de julio se continúan con las labores del mes anterior. Aquí no hay dudas de lo que vemos: un hombre segando un campo de trigo con una hoz.
     En el mes de Agosto toca la trilla de los campos, separar el grano de la paja, una vez que se ha realizado la siega. El mayal es la herramienta que porta el agricultor en esta escena y que servía para tal fin. Con ella podemos comprobar como golpea el cereal in situ.
     En septiembre nos encontramos con la recogida de la vid. Actividad importante donde las haya. Recordemos la significación del vino ya mencionada.
     En octubre se hace referencia a la crianza de los animales. Concretamente aparece un hombre alimentando a dos cerdos con bellotas, para su posterior sacrificio, como podemos comprobar en el mes siguiente.
     Noviembre era el mes de la matanza del cerdo, pues lo que se obtenía de él era relevante en el sustento de estas gentes. El frío del invierno hacía que se conservara durante más tiempo y en buen estado su carne. Un matachín lo sujeta por las orejas poco antes de matarlo con una picaza.
     En diciembre había que descansar y resguardarse del duro invierno. Ya se habían realizado las tareas agrícolas y ganaderas que proporcionaban la comida, e incluso se había ido a la guerra. Este mes aparece representado por un hombre sentado a la mesa frente al fuego y sobre ella una copa de vino. Porta un cuenco de comida en su mano izquierda, mientras lo bendice con tres dedos de su mano derecha (es la forma de bendecir). Recordemos que nos encontramos en el mes de la Navidad y la sociedad a la que corresponde este calendario era profundamente cristiana. Por otra parte, mientras en los meses anteriores nos encontramos con hombres jóvenes, éste ya es mayor, probablemente, haciendo referencia al año que termina.
     Respecto a las características que presentan estas pinturas, son las típicas del arte románico: silueta realizada con un contundente trazo negro que resta naturalismo a las figuras, prefieren el color puro a la presencia de tonalidades, carencia de perspectiva, fondos neutros, ausencia de luz, esquematismo, etc. Todo lo cual conlleva una forma de representación antinaturalista.     
     No sé si de las doce escenas, alguna tiene más valor artístico que las demás. En mí, como se suele decir, modesta opinión, el mes de noviembre sería el que destacaría, a la vez, que fue el que más me impresionó, por la crudeza de la acción de matar al pobre animal. Motivo por el cual, no compré la reproducción del mismo que te ofrecían a la salida de la iglesia y preferí llevarme otras dos, las correspondientes a los meses de septiembre y octubre, más agradables y, sobre todo, pacíficas. Comprar las reproducciones en cerámica (muy bien hechas por cierto), de los doce meses resultaba algo caro, pero comprar un mes o dos, estaba al alcance de cualquier bolsillo.
       Ramón Rodríguez Campillo

viernes, 13 de mayo de 2016

Cartuchos faraónicos II

     
     He titulado así esta nueva entrada del blog, porque ya existe otra anterior referida a la misma cuestión, es decir, a la traducción e interpretación de cartuchos jeroglíficos egipcios. En esta ocasión, iniciaré el contenido de la misma con la traducción del párrafo previo (señalado con el nº 8) al cartucho indicado con el nº 9 y referido a la reina Nefertari, que no explicaré aquí, ya que se encuentra esclarecido en la otra entrada a la que he hecho referencia.
     Nº 8 Empezando de arriba a abajo: los signos del ojo (que fonéticamente equivale a ir) y del asiento (que fonéticamente equivale a st o htm y como ideograma a la diosa Isis), se combinan para formar el ideograma de Osiris. El hombre sedente con tocado y perilla es el determinativo del dios mencionado. A continuación, observamos un junco (NeSUT) que podríamos traducir por: “el que pertenece a la caña”, es decir, el faraón (en este caso, como rey del Alto Egipto). La poza con agua (hm) más el semicírculo (t): HeMeT: se traduce por esposa. Entre consonantes, intercalamos una e por convención, no sabemos cómo las pronunciarían los egipcios. La golondrina (ur) y el semicírculo, como ya sabemos, suena t, y es indicativo de femenino, así, tenemos UReT, que significa: “la gran”. El cuenco que vemos en la columna siguiente se lee neb y se traduce por: señor, pero el semicírculo siguiente, como indicativo femenino, lo convierte en señora. Y los dos gruesos trazos paralelos representan el ideograma de tierra ta, repetido dos veces se lee: TAUY, la uy indican dual: "dos tierras". Luego, la traducción que obtenemos es: “Osiris (título honorífico que reciben los difuntos).La gran esposa del Rey, Señora de las dos tierras”. A continuación, señalado con el nº 9 nos encontramos con el cartucho de Nefertari, explicado en la entrada titulada: CARTUCHOS JEROGLÍFICOS.
     Nº 1 Se trata del cartucho del faraón Ramsés II, este es el nombre griego por el que es conocido este gran faraón. En la parte superior vemos el sol (Ra), a continuación la diosa Maat (la justicia), acompañada de la cabeza de chacal que se transcribe: USeR (poderoso-a), y en la parte inferior aparece el Sol de nuevo (Ra), una azuela con taco que suena SeTePe (elegido), y la línea quebrada (N) es un signo unilítero que complementa a uno trilítero (la azuela con taco), y no se traduce. Luego se trata del Nesut-Bity (Nombre de Trono) del faraón Ramsés II, y lo podríamos descifrar como: “La poderosa justicia de Ra, el elegido de Ra”. Aunque se traduce después, la divinidad siempre se pone delante por respeto.
     Nº 2 Aquí vemos el cartucho del faraón Ramsés III, los tres signos superiores ya están aclarados en el cartucho anterior. Una especie de rectángulo (MeR), se traduce por “amado”. El junco en flor (que recuerda una pluma), el tablero con fichas y la línea quebrada, obtendríamos el sonido (IMeN), es decir, Amón; y como ya dije anteriormente, la línea quebrada ya está incluida en el signo anterior y no se transcribe. Luego tenemos: MAAT-USER-RA-MER-IMEN, su Nesut-Bity en jeroglífico y traducido al español: “Poderosa justicia de Ra, amado de Amón”.
     Nº 3 Es el Nesut-Bity del faraón Tutmosis III. Es un cartucho muy simple, ya que se limita a solo tres signos: el disco solar Ra, el tablero con ficha MeN, que en este caso traducimos por “estable” y el famoso escarabajo egipcio JePeR, que aunque tiene varios significados, aquí lo podríamos interpretar como: “manifestación”. Luego el nombre egipcio de este faraón sería: MEN-JEPER-RA, o sea, “La estable manifestación de Ra”.
     Nº 4 El Nesut-Bity del faraón de la IV Dinastía Micerino, el de la tercera pirámide de Guiza. En la parte superior vemos el disco solar (Ra), a continuación el tablero con ficha ya explicado, y dos brazos levantados (Ka), que lo podemos traducir por “espíritu”, o “fuerza vital”, y el hecho de que se repita tres veces hay que interpretarlo como plural. Luego se lee MEN-KAU-RA, y se traduce como: “Eterno como los espíritus de Ra”.
     Nº 5 El Sa-Ra del constructor de la segunda gran pirámide, el faraón Kefren. En la parte superior vemos el dios (RE,o RA), debajo una colina por donde asoma el Sol (JA), que lo podemos traducir por: “se levante” y, por último, la serpiente cornuda (F) y la interpretamos como: “él”. Luego traducimos este cartucho así: “Que él se levante, Re”.
     Nº 6 El Nesut-Bity del constructor de la gran pirámide Keops. Los dos polluelos de codorniz se transcriben como: U, el círculo con bandas paralelas en español se lee J y la serpiente cornuda, como ya sabemos, suena F. Luego se lee: JUFU y lo podríamos traducir como: “ÉL (f) ME (U) PROTEJA (JU).”
     Nº 7 Este cartucho pertenece a la reina Cleopatra y es diferente a todos los demás, ya que era una soberana griega y no se trataba como a los faraones egipcios, pues el escriba se limitaba a transcribir su nombre fonéticamente con signos jeroglíficos, por lo tanto, no puede ser traducido como el cartucho de un faraón. Es como si nuestro nombre lo escribiéramos utilizando los signos de esta bella escritura. Así que, si transcribimos de izquierda a derecha tenemos: K-L-I-O-P-D-R-A-T, en español Cleopatra.
    
      Texto y composición de imagen: Ramón Rodríguez Campillo

lunes, 9 de mayo de 2016

El zapato de Taiwán

     
     En un breve período de tiempo se ha construido este enorme zapato de cristal de 17 metros de alto y 11 de ancho, cerca del puerto y con vistas al mar en la ciudad taiwanesa de Chiayi. Está prevista la inauguración de esta estructura prefabricada de acero y vidrio para el 8 de febrero de este año, para hacerla coincidir con el nuevo año chino. Aunque parte de la prensa ha llegado a publicar que se trataba de una iglesia católica, parece no tener fundamento esta explicación, además, no se parecería en nada a un templo de esta confesión religiosa, y menos todavía, a las modestas construcciones de este culto que se pueden ver en la isla. El error se debe al nombre dado a esta modernísima arquitectura: "Iglesia del tacón alto de Cenicienta".
     
     Parece ser que se trata de un homenaje a las mujeres de mediados del siglo pasado, que tuvieron que soportar una epidemia producida por el arsénico que contenía el agua, lo que les provocó una enfermedad en los pies que se los oscurecía, y en algunos casos se los tenían que amputar por la gangrena. Por otra parte, se pretende hacer un llamamiento a las parejas próximas a contraer matrimonio para que utilicen sus instalaciones como marco para sus fotos nupciales.

      Esta curiosa construcción con forma de zapato de tacón compuesta por 320 paneles de vidrio azul, ha costado unos 633.000 euros, y se ha llevado a cabo con una gran rapidez (entre dos y cuatro meses, según la fuente consultada). En su interior, se recogerán exposiciones con el objetivo de agradar a un público femenino y a familias en general. También se quiere lanzar un mensaje de optimismo y esperanza.
      
      Ramón Rodríguez Campìllo

Las primeras escuelas de la Historia

     Desde el tercer milenio antes de Jesucristo en las ciudades- estado sumerias existían las edubba, que vendría a significar “casa de las tablillas”, término utilizado para referirse a la escuela, en donde se trataba de enseñar y difundir los conocimientos que entonces se tenían. La enseñanza no era obligatoria, ni mucho menos gratuita, sólo para aquellos niños y jóvenes que pudieran pagársela. Se enseñaba fundamentalmente el arte de la escritura cuneiforme y aritmética, materias muy necesarias para adquirir la prestigiada condición de escriba, que permitía trabajar al interesado al servicio del Estado, de un templo, o de un rico particular que necesitara sus servicios. El horario escolar era extenso, pues se prolongaba desde la mañana temprano hasta la tarde y las sesiones de trabajo eran duras y disciplinadas, con severos castigos corporales, si al juicio del maestro, o de sus ayudantes, los alumnos no seguían sus indicaciones y hacían lo correcto. El período de escolarización duraba unos doce años y, después de los cuales, el joven se convertía en un escriba profesional. Los escribas eran los hijos de los ciudadanos más ricos de las comunidades urbanas. No consta ni una sola mujer como escriba, hay que esperar a la época babilónica hacia el 1800 antes de Cristo para encontrarlas.
     En las edduba se enseñaba a manejar el cálamo, que consistía en una caña hueca, cortada oblicuamente en uno de sus extremos, y se obtenía del tallo de una planta o de una pluma de ave, y con ella escribían en una tablilla de arcilla húmeda. Con el descubrimiento en la ciudad de Uruk de tablillas que llevan listas de palabras con el posible objetivo de memorizarlas, hay quién deduce,  que en el año 3000 antes de Cristo, ya había escribas que pensaban en términos de enseñanza y de estudio. Pero hubo que esperar unos quinientos años para que apareciesen cierto número de escuelas por toda Sumer, en donde se enseñara la práctica de la escritura. A principios del siglo XX, ya se descubrieron un número importante de “tablillas escolares” en una vieja ciudad sumeria, con una antigüedad de cuatro mil quinientos años aproximadamente. No obstante, la mayoría de las tablillas de barro cocido que aparecen en las excavaciones son de carácter económico y administrativo, lo cual, es indicativo de la gran cantidad de escribas que había dedicados a estos a estos menesteres, y la facilidad que tenían los mismos para encontrar trabajo.
     Hasta que no llegamos al segundo milenio antes de Cristo, no encontramos información en los textos que nos han llegado sobre el sistema educativo sumerio, su organización, o los métodos que utilizaban. Sin embargo, en esta época aparecen tablillas escritas por los alumnos, que vendrían a ser los deberes que estaban obligados a realizar y que los especialistas, suponen que formaban parte de sus tareas escolares diarias. Estos ejercicios varían desde los típicos garabatos de los más pequeños, hasta los signos mejor escritos. Así que, lo que podríamos considerar estos primigenios cuadernos, nos informan sobre los métodos pedagógicos de las escuelas sumerias y sobre sus programas educativos. Además, los maestros sumerios eran proclives a dejarnos por escrito como se desarrollaba la vida escolar y nos transmiten una valiosa información de cómo era la escuela sumeria, sus tendencias, sus objetivos, sus maestros, sus estudiantes y sus métodos de enseñanza. Algo completamente excepcional y único, si tenemos en cuenta el período al que nos estamos remontando, prácticamente cuatro mil años hacia atrás en la historia del hombre.
     Las primeras escuelas sumerias se dedicaban a la formación de escribas, en previsión de sus futuros trabajos como administradores de los templos o funcionarios de Palacio. Pero más tarde, se transformaron en centros de cultura y el saber sumerio, en donde se formaba en las distintas ramas del conocimiento: botánica, zoología, mineralogía, geografía, matemáticas, gramática, etc. Además, con el paso del tiempo fue adquiriendo un carácter más laico, a la vez que se separaba de los templos. Había alumnos que consagraban su vida a la enseñanza y el estudio.
     A la cabeza de la escuela se encontraba el ummia, el profesor, que recibía el título de “padre de la escuela”, que equivalía al cargo de Director. Contaba con la ayuda de un auxiliar que se le denominaba “gran hermano” (nada que ver con el famoso programa televisivo que, dicho sea de paso, no se me ha ocurrido ver en mi vida) y los alumnos, que eran llamados “hijos de la escuela”, quiero pensar que era la forma más habitual de referirse a ellos. Había, además, vigilantes encargados de controlar la asistencia y la disciplina (las amonestaciones que empleaban era el látigo, mucho más convincente que un parte por escrito). Respecto a la cuestión económica, “el padre de la escuela” se encargaría de cobrar el montante del proceso educativo y, éste, de suministrarle el salario a los subalternos (pensando que no era un "chorizo", por supuesto).

     En cuanto al aspecto que tendría una escuela en estos tiempos tan remotos, parece ser, que contaban con una o dos habitaciones, equivalentes a nuestras aulas actuales, y contenían varias filas de bancos fabricados con adobe, en donde podían sentarse entre uno y cuatro alumnos. Como podemos comprobar, cualquier otra construcción era más costosa y menos práctica que levantar una escuela, la cual, garantizaría un futuro mejor para una sociedad tan necesitada de avances en todas las materias.
      Ramón Rodríguez Campillo

Salida al mar de Bosnia-Herzegovina

Neum
     Aunque no es habitual, hay personas que cambian de vivienda (sobre todo si esta es un piso), porque no soportan al vecino. Yo conozco algún caso y he oído hablar de otros similares. Pero lo que es absolutamente extraordinario es que un Estado ceda parte de su territorio a otro, para no tener frontera con el país vecino por la animadversión que sentía por el mismo. Esto ocurrió en 1699 cuando la República de Ragusa, cuya capital era la actual Dubrovnik, cede un trozo de su suelo costero al Imperio Turco, con el objetivo de no limitar con la República veneciana, ya que esta extendió sus dominios hasta Dalmacia, llegando a compartir frontera con sus enemigos de Ragusa. No sé si habrá algún caso más en la Historia de la Humanidad como el que estoy exponiendo. Además, como los venecianos eran enemigos de los turcos, estos servirían aún mejor como garantía de una mayor defensa para los pacíficos habitantes de Dubrovnik, que valoraban la libertad, sus negocios y la religión católica por encima de todo. Los otomanos mantuvieron la hegemonía sobre este pequeño enclave costero hasta que Herzegovina fue incorporada al Imperio austríaco en 1878 y, todavía hoy, sigue formando parte de la federación de Bosnia-Herzegovina, y constituye su única salida al Mar Adriático. Así que, esta federación goza de una franja costera de apenas 10 Km. El problema es, que de momento, este país no tiene aguas territoriales que le permitan construir un puerto. Eso sí, nadie les puede impedir darse un chapuzón en el mar desde alguna plataforma artificial hecha a propósito, ya que no cuenta con ninguna playa.
     
     El pequeño pueblo de Neum, de poco más de 4000 habitantes se asienta en este bello lugar; cuya fuente principal de riqueza, como no podría ser de otra manera, es el turismo de sol y baño, pues también goza de un buen clima para ello. Enfrente, se encuentra una alargada península que pertenece a Croacia, y en el año 2007 este país empezó la construcción de un puente de la costa croata hasta allí, para evitar tener que pasar por territorio extranjero para ir de una parte del país a otra. Pero el proyecto fue cancelado, pues aparte de costoso, podría plantear serios problemas si en el futuro Bosnia-Herzegovina consigue al fin, construir su ansiado puerto que le dé una útil salida al mar.
     
     Mientras todo esto se soluciona, hasta el día de hoy para ir de Split a Dubrovnik, hay que parar para cruzar la frontera bosniaca, y pocos kilómetros después hacer lo propio en la frontera croata. Mientras unos no tienen su ansiado puerto, los otros tienen su país dividido por esta estrecha franja. La solución no se ve en el horizonte próximo. Toca esperar.

       Ramón Rodríguez Campillo

Nota: foto del autor.

domingo, 8 de mayo de 2016

La copa de Tutmosis III

     
     Esta preciosa copa procedente del antiguo Egipto fue localiza en la ciudad de Tebas, la actual Luxor, concretamente en la tumba de las tres esposas extranjeras que tenía el faraón guerrero Tutmosis III. Presenta unas medidas de 10.5 cm de altura por 8 de diámetro. El material elegido para su elaboración fue travertino, una especie de alabastro, y tanto la base como el borde de la copa se encuentran forrados por una fina lámina de oro y, finalmente, una inscripción en la preciosa lengua jeroglífica ofrece como resultado: una pieza tan espectacularmente bella como una flor de loto.
     
     En Egipto, con el retorno de la crecida del Nilo empezaba una nueva estación en el mes de julio*, y con ella, se celebraban los ritos del nuevo año en todo el país; aprovechando el acontecimiento se le ofrecían multitud de regalos al faraón, deseándole un feliz año nuevo. Esta copa presenta todas las características que inducen a suponer, que se trataba de uno de esos regalos que se le ofrecían al monarca en tan señaladas fechas, tal y como nos indica la siguiente inscripción:
     
     En la parte central observamos el cartucho en donde se encierra el nombre del faraón en jeroglífico,** y que podríamos traducir como: “La manifestación estable de Ra”. Bajo él, nos encontramos con la famosa cruz egipcia y un pan de molde triangular que significan: “que sea dotado de vida”. Y, en la parte superior, aparecen una hoja de palma que es un ideograma de año, que al ir acompañada del otro signo en forma de instrumento musical que significa bueno o bello, los podríamos interpretar por el deseo de: “feliz año nuevo”. En fin, deseos de vida y felicidad para su rey Tutmosis III.

*Solo tenían tres estaciones de cuatro meses. Con esta que hacía referencia a la inundación como consecuencia del desbordamiento del Nilo, ponía fin a las “viejas lunas” para iniciar un nuevo año.

 ** El Nesut-Bity, es decir, su nombre de trono, como rey del Alto y Bajo Egipto y se transcribe: Men- jeper- Ra. Pero es más conocido por su nombre en griego: Tutmosis III.

       Ramón Rodríguez Campillo

jueves, 17 de diciembre de 2015

¿Cuándo nació Jesús?

    
      Han sido muchas las críticas que se han hecho de la religión cristiana por no poder ofrecer una fecha concreta sobre el nacimiento de su fundador. Ni los primeros cristianos lo sabían, ni los actuales tampoco, ya que los documentos de los que disponemos, especialmente los evangelios canónicos, no lo dicen. Además, solo los atribuidos a Mateo y Lucas hablan de su nacimiento e infancia brevemente, mientras que los otros dos guardan silencio. Más que en el año del nacimiento, en esta entrada me centraré en el día de la natividad de Cristo. No obstante, sobre la primera cuestión tampoco sabemos nada, e incluso es contradictorio lo que podemos deducir de los dos evangelios citados, pues mientras Mateo confirma que Herodes estaba vivo cuando se produjo el nacimiento de Jesús, y sabemos que este rey muere el año 4 antes de J.C., podemos deducir que, al menos, nació 4 años antes de lo que se dice. Pero si nos atenemos a lo que escribe Lucas, tendríamos que situar el alumbramiento en el año 7 después de J.C., ya que nos habla de un censo que realizaron los romanos ordenado por  Octavio Augusto, siendo gobernador de Siria Cirino, y que podemos situar en esta fecha según el historiador judío Flavio Josefo. Fue este el motivo, siguiendo a Lucas, por el que la Virgen y San José se trasladaron a Belén para inscribirse. En esta pequeña localidad se le cumplieron los días a María, dando a luz al niño Jesús. El motivo de situar el nacimiento de Cristo en el año 1 de nuestro calendario, se debió pues, a un error, cometido en el año 525 por el monje Dionisio El Exiguo, que realizó los cálculos para pasar del calendario romano al cristiano, es decir, comenzar a contar los años desde el nacimiento de Cristo y no desde la fundación de Roma. En otra entrada de este blog, titulada: “El calendario Gregoriano: nuestro calendario” se tratan asuntos relacionados con este tema.
     Respecto al día de la natividad, estamos tan perdidos como en el año, aún tenemos menos información si cabe. Lucas, habla de que había pastores en el campo durmiendo al raso, que fueron los primeros en ir a adorarle, lo que descartaría una fecha invernal. Por otra parte, los romanos no iban a escoger los días de invierno, que eran los más cortos, fríos y desapacibles del año para celebrar un censo en el que la gente se tenía que desplazar con sus escasos medios para ir a apuntarse. La primavera y el verano parecen fechas más convenientes. Por lo tanto, el 25 de diciembre no tiene una base histórica. No obstante, los primeros cristianos no mostraron una gran preocupación por esta cuestión, pues lo que más les interesaba a ellos, eran las enseñanzas de su Maestro y, sobre todo, su muerte, pasión y posterior resurrección.
     En los siglos II y III se propusieron diversos momentos para celebrar el nacimiento del Salvador, pero no fue hasta la primera mitad del siglo IV, cuando aparece la fecha que celebramos en la actualidad. ¿Qué les llevó a los cristianos a proponer el 25 de diciembre cómo el día del nacimiento de Jesús? También se ha discutido hasta la saciedad esta cuestión. La respuesta más repetida es que tomaron una festividad pagana muy arraigada en el Imperio romano, pues se celebraba el culto al Sol Invicto, o el culto al dios Mitra que era una antigua divinidad irania que se identificaba con el Sol y sus seguidores lo recordaban en el solsticio de invierno, en el que los días empezaban a ganarle terreno a las noches. Por lo tanto, a los cristianos se les ha acusado de apropiarse de una fiesta que no era la suya y de la consiguiente falta de originalidad, ya que se limitaron a dotar de un nuevo significado a una festividad romana perfectamente arraigada.
     Sigamos. ¿Podrían ser otros motivos los que llevaron a estos primeros cristianos a escoger este día para el nacimiento de su Señor? Muy probablemente. Había una creencia generalizada en el mundo judío de esta época que pasó a los cristianos de los siglos II y III, que en esencia suponían, que la concepción de los grandes profetas tuvo lugar el mismo día del año en el que morían, es decir, que si Jesucristo fue crucificado el 25 de marzo, como pensaban los cristianos occidentales, ese fue el día de su concepción, luego nació nueve meses más tarde, lo que nos lleva directamente al 25 de diciembre*. Mientras que en la parte oriental del Imperio, sostenían que fue el 6 de abril cuando fue crucificado, lo que les llevó al 6 de enero para celebrar la navidad. Con el paso del tiempo esta última fecha cayó en desuso y se impuso el 25 de diciembre. A pesar de ello, todavía hoy, los cristianos armenios celebran la natividad el 6 de enero, pero el mundo cristiano en general estableció el 25 de diciembre como el día de Navidad y el 6 de enero lo reservó para la Adoración de los Reyes (el comienzo de la Epifanía).
     Hay quién ha propuesto que la fiesta pagana del Sol Invicto que se asociaba al solsticio de invierno no se estableció hasta el 274, cuando ya rondaba la idea entre los cristianos expuesta en el párrafo anterior. Sí fue así, la cuestión fue al revés de lo que habitualmente se ha sostenido, o sea, se trató de dar un sentido pagano a una celebración cristiana, en unos momentos en los que se trataba de afianzar al máximo la religión romana. En esta suposición, con bastantes visos de ser cierta, fueron los paganos los que utilizaron una festividad cristiana en su beneficio, y no al contrario, como se creía y se sigue manteniendo hasta hoy.
     Siguiendo al teólogo suizo Hans Küng, carece de importancia que no sepamos precisar la cronología de Jesús con exactitud, que no podamos saber si su predicación duró tres años, uno, o unos pocos y dramáticos meses en Galilea y solo al final en Jerusalén. Lo sorprendente, es que haya modificado el curso de la historia hasta el punto de comenzar a computar los años a partir de Él.

*Esta tesis fue desarrollada por primera vez en la década de 1920 por Louis Marie Olivier Duchesne, filólogo y gran experto en cristianismo primitivo.

     Ramón Rodríguez Campillo

El árbol de Navidad

     De todos es sabido, que el cristianismo ha utilizado muchas tradiciones, fiestas, celebraciones, u otras costumbres paganas romanas, o de otras civilizaciones, y las ha hecho suyas dotándolas de un nuevo simbolismo acorde con la nueva doctrina. Nada que objetar al hecho, de que las distintas culturas se interrelacionan y enriquecen con ello, y la religión cristiana no pudo abstraerse a esta, digamos, “ley universal”. Hay quien aprovecha esta realidad para restar originalidad y credibilidad a la nueva religión, que irá ganando terreno al paganismo del Imperio a partir del siglo III. Bien, el árbol de Navidad encuentra sus raíces en el norte de Europa precristiana a principios de la Edad Media. Pero cuando a este territorio llega la buena nueva religiosa allá por el siglo VII, al árbol navideño se le dota de una nueva simbología por los evangelizadores de estos lugares, conforme a las recientes creencias.
     Para empezar, recordar que en la descripción del  Paraíso terrenal que nos transmite el Génesis, nos habla de la existencia de dos árboles fundamentales en la relación del hombre con Dios: el árbol de la ciencia del bien y de mal, del que le estaba prohibido comer sus frutos al ser humano porque le ocasionaría la muerte y, al lado de éste, el menos conocido árbol de la vida, que le daría la inmortalidad. Como todos sabemos, el hombre eligió mal y comió el fruto del árbol vedado. Es, precisamente al proscrito el que representa el árbol de Navidad, con sus adornos y esferas que recuerdan las manzanas (alegorías de la tentación en la que cayeron Adán y Eva), que se colocaban al principio de esta tradición navideña. Ahora bien, no está todo perdido, ya que las velas con las que se adornaba el árbol y que hoy en día han sido sustituidas por bombillas, simbolizan la luz redentora y salvífica de Cristo, que vino a iluminar al Mundo como nos recuerda el evangelio de San Juan. La estrella de Belén que colocamos en su parte superior, es la misma que guio a los Reyes Magos en su búsqueda del Mesías, igual que nos debe de guiar a nosotros ahora. Además, los lazos que la gente suele colocar en sus abetos o pinos navideños simbolizan la unión de la familia cristiana, especialmente, en estas fechas que conmemoran el nacimiento de Cristo. Profundizando un poco más en el simbolismo de esta tradición, se podría añadir que la forma triangular que presentan estas plantas coníferas simbolizaría el misterio de la Santísima Trinidad; y el verdor duradero de sus hojas perennes nos conduciría a relacionar este hecho con la vida eterna.
     Por último, papas como Juan Pablo II, o el mismo Benedicto XVI, hicieron durante sus pontificados declaraciones elogiosas sobre la utilización del árbol de Navidad por parte de los cristianos de todo el Mundo, a pesar de las reticencias que muchos religiosos muestran a este adorno por considerarlo pagano, o poco católico. Solo hay que ver el enorme árbol que coloca el Vaticano todos los años en la plaza de San Pedro por esas fechas.

      Ramón Rodríguez Campillo

El BELÉN DE SALZILLO

     
     Fue realizado por Francisco Salzillo para el noble murciano Jesualdo Riquelme y Fontes. Pasó a ser propiedad de la Marquesa de Salinas y después del Marqués de Corvera, hasta que, finalmente, fue adquirido por el Estado español en 1915 por una cantidad de veintisiete mil pesetas de la época, encontrándose en la actualidad en el Museo que conserva las obras del escultor en la capital de la Región de Murcia. Podemos afirmar, sin riesgo a equivocarnos, que es el belén más importante y más admirado de España.  
     El padre de Salzillo era napolitano y aunque él nació en Murcia, su progenitor le transmitió el gusto por los belenes que se llevaba en su ciudad de origen, lo cual, convirtió a la capital del Segura en el enclave belenístico español más importante,  introduciéndose estas figurillas en los hogares particulares de los habitantes de esta Región.  El tamaño de las imágenes es de unos treinta centímetros y los materiales que emplea son: la arcilla, principalmente, pero también la madera, cartón, lienzos y telas encoladas. Todas ricamente policromadas, con vivos colores: azules, verdes, rojos, combinados con el dorado del oro, lo que les proporciona una gran vistosidad, preciosismo y lujo, dentro de la tradición del estilo rococó que ya estaba finalizando.

     Como ya señalé al principio, Salzillo no realizó todo el belén, pues murió antes de su terminación, pero dejó unas directrices claras que respetaron los que culminaron su obra, por lo que el conjunto de figuras presenta una gran unidad estilística. De todas ellas, hay quién destaca las imágenes de los ángeles por su elegancia e ingravidez. Está compuesto por 556 personajes y 376 animales (en la actualidad no se conservan todos) y varias maquetas de edificios. Se basó en los Evangelios de San Mateo y San Lucas, que nos informan de la infancia del Señor y así diseñó las distintas escenas que integran el belén: la Anunciación, la aparición del ángel a los pastores, el Nacimiento, los Reyes Magos, la huida a Egipto, etc. Además, nos encontramos con otras escenas de carácter popular, fiel reflejo de las tradiciones de la época, así como animales y aves migratorias habituales de esta zona de España. Podemos observar una gran variedad de tipos humanos contemporáneos al autor, representados todos ellos con un gran naturalismo y con los ropajes específicos que lucían en ese tiempo. Todo esto, nos da una muestra del modo de vida popular de Murcia y sus alrededores a finales del siglo XVIII.
     Como fondos de las distintas escenas que componen esta maravillosa obra, nos encontramos con el palacio del rey Herodes, que refleja nítidamente palacetes de la época. La casa de Isabel, prima de la Virgen, que es una casa típica de la huerta murciana, mientras que la de María es como las viviendas de Murcia de aquellos tiempos. Se escogió un viejo pórtico en ruinas para situar la escena del Nacimiento. Por último, el carpintero encargado de elaborar el templo de Jerusalén, de apellido Carrión, se inspiró, nada menos, que en El Templete de San Pietro in Montorio que el arquitecto del Papa, Bramante, levantó en Roma a principios del XVI, en el lugar donde según la tradición fue martirizado San Pedro.
     Todas las obras de este autor son religiosas. Él era una persona de profundas convicciones espirituales, que trasladó a toda su producción artística, incluido este famoso y monumental belén. Actualmente, Murcia es el principal enclave de producción de belenes artesanos de toda España. La calidad artística de sus figuras salta a la vista. Sólo hay que verlas para comprobarlo.

Nota: la página web que tiene el Museo de Salzillo me ha sido muy útil para elaborar esta entrada.
    Ramón Rodríguez Campillo