jueves, 15 de noviembre de 2012

ISLA DE PASCUA

      La isla de Pascua, Te Pito o Te Henua, su verdadero nombre, que significa el Ombligo del Mundo, donde se desarrolló la cultura rapanui, conocida sobre todo por esas inmensas estatuas de piedra volcánica que salpican toda la isla, especialmente su costa y llamadas moais, muchas de ellas con sombrero de escoria roja o pukao.  Situada en medio del océano Pacífico en el Hemisferio sur, a más de 3700 Km de la costa americana, a 2200 Km de la isla poblada más cercana, en el extremo de la Polinesia a la que pertenece, lo que la convierte en una de las islas más aisladas de la Tierra*, a 109º de longitud oeste y 27º de latitud sur. Tiene una extensión de 163,6 Km cuadrados, es una isla de origen volcánico de forma triangular, creada por la acción de tres volcanes principales localizados en cada uno de sus vértices. Tiene una largura  de 24 km, una anchura de 12 Km y una altitud máxima 530 metros sobre el nivel del mar. Un relieve suave, con un manto vegetal importante la mayor parte del año, gracias a su clima subtropical húmedo, con unas precipitaciones  de más de 1000 mm. A pesar de ser una isla, sólo cuenta con una playa importante en el norte, la de Anakena, de arena blanca, palmeras  próximas, aguas cristalinas turquesas y un precioso grupo de moais  sobre su ahu, o altar. Por último, administrativamente pertenece a Valparaíso, y a Chile  desde 1888, cuenta con unos 5000 habitantes y una sola población: Hanga Roa.
      
     En la actualidad, Pascua cuenta con poco más de 5000 habitantes, la mayoría de ellos en Hanga Roa, la única población con la que cuenta. Administrativamente pertenece a Valparaíso, y a Chile  desde 1888. Fue descubierta por Roggeween el 5 de abril, domingo de Pascua, de 1722. Hasta ese año pues, la cultura rapanui  se desarrolló en un aislamiento completo y  se encontraba en plena crisis, al menos, desde  mediados  del siglo anterior, con guerras entre tribu (los orejas largas contra los orejas cortas principalmente)  por sobrepoblación, con destrucción de moais, de hecho, no había ninguno en pie cuando el hombre blanco la descubrió. La población casi llegó a exterminarse (con 109 personas) en la segunda mitad del siglo XIX, por las expediciones  esclavistas  que hicieron los peruanos, las enfermedades desconocidas y los conflictos internos. Así, se perdió el secreto de su escritura, el Rongo Rongo. Había 69 tablillas de madera en donde se contaban historias de este pueblo y de las que sólo quedan 24 repartidas por el Mundo.

     No está claro cuando comienza el poblamiento de la isla. La tradición dice que fue hacia el 450 cuando Hotu Matua, el primer rey (el ariki), desembarcó en la playa de Anakena y trajo consigo el primer moai. Pero teorías más recientes retrasan esta colonización hasta el siglo VIII, e incluso al siglo XIII. Convivían a la vez, al menos,  diez grupos principales, cada uno en su franja de territorio, al estilo polinésico.  Su dios principal era Make Make. En su honor, se celebraba anualmente una competición entre los más dotados representantes de las tribus, para elegir al Tangata manu, el hombre pájaro, una especie de primer ministro que ejercía durante un año la jefatura política y militar, de una manera bastante curiosa, pues permanecía aislado durante todo su mandato en la Cabaña Sagrada, alimentado por sirvientes especiales  en las laderas del volcán Rano Raraku, sin entrar en contacto con los habitantes de la isla. Se convertía en algo similar a una divinidad y fueron los cristianos los que suprimieron su culto a partir de 1860. Para llegar a ser hombre pájaro, se celebraba una dura competición en la que tenías que bajar por una accidentada y peligrosa ladera del volcán Rano Kao, nadar entre tiburones sobre un flotador de totora, para buscar el primer huevo de la temporada que ponía una pequeña gaviota en el islote  Moto Nui, el más grande de los tres que aparecen junto a la isla y llevarlo intacto a la cumbre del volcán de partida. Los participantes podían morir a causa de los tiburones, ahogos, o caídas. Por otra parte, no está muy claro si la elección del hombre pájaro coincidía con el mandato del ariki, o fue una costumbre posterior.

       En cuanto al significado de los moais, parece ser que representaban a los antepasados de personajes importantes y se hacían para que trasmitiesen su fuerza, su energía a sus descendientes y por ello casi todos miran al interior de la isla, si exceptuamos a los siete que a parecen sobre el mismo ahu y lo  hacen hacia el mar, conocidos como los siete exploradores, que según los lugareños, se encuentran orientados  en la dirección por donde vinieron los primeros pobladores, probablemente, de alguna de las islas Marquesas. Por último, todavía está sin resolver el misterio de cómo podían mover por toda la isla estas enormes estatuas con los escasos recursos de que disponían. Aunque para los aborígenes, contaban con el mana, una especie de energía que tenían los arikis, o los brujos, que ayudaba a mover estas enormes rocas.

        Texto y fotos de: Ramón Rodríguez Campillo

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