sábado, 5 de enero de 2013

Los Reyes Magos

     De los cuatro evangelios canónicos, es decir, los que forman parte de la Biblia, sólo el de San Mateo narra el episodio de los Magos, de una manera muy breve cuando afirma, que de Oriente, llegaron a Belén unos magos guiados por una estrella para adorar al rey de los judíos que acababa de nacer. Cuando vieron al niño con María, su madre, abrieron sus cofres y le ofrecieron oro, incienso y mirra. Advertidos en sueños de no informar a Herodes del paradero del niño, se volvieron a su tierra por otro camino. Por lo tanto, en ningún momento se dice que fueran reyes, ni que fueran tres y menos aún, que uno de ellos fuera de raza negra.
     Los evangelios apócrifos, de autor desconocido, que quedaron fuera del Nuevo Testamento y posteriores a los canónicos, añaden muy poco a lo ya escrito. El Protoevangelio anónimo atribuido falsamente a Santiago el Menor, con el objeto de dotarlo de más autoridad y que fue escrito como muy tarde en el siglo IV, coincide básicamente con lo expuesto por San Mateo y también se refiere a los tres regalos mencionados. El evangelio apócrifo del Pseudo Mateo difiere de los anteriores en el momento en el que los magos entregan sus dones al niño, pues éste, ya contaba con dos años de edad, y no habla de pesebre, o cueva, sino de casa, en donde encuentran al niño sentado en el regazo de su madre. Entonces abrieron sus cofres y entregaron a José y María cuantiosos regalos. A continuación fue cada uno ofreciendo al niño una moneda de oro. Y, finalmente, el primero le presentó una ofrenda de oro; el segundo, una de incienso; y el tercero, una de mirra. Después adoraron al niño y se fueron a su tierra por otro camino. En este texto anónimo del siglo VI y atribuido erróneamente al primer evangelista, si especifica el número de tres, para referirse a los magos. Otro escrito apócrifo como el “Libro sobre la infancia del Salvador” relacionado con el Protoevangelio anterior, atribuido a San Mateo y según otros a Santiago, evidentemente falsas ambas atribuciones, compilado por un erudito carolingio del siglo IX, es la narración más amplia sobre el tema que nos ocupa, también menciona los tres conocidos regalos, además de colmar de presentes a María y José, se refiere a sus porteadores como magos o adivinos.

     En cuanto a la iconografía de estos personajes, las primeras imágenes se remontan al siglo III, en las catacumbas paleocristianas que hay en Roma, aunque su número varía entre dos, tres o cuatro, y tampoco figuran como reyes, sino como magos de Oriente, con gorros típicos de Frigia (imagen superior) y sin distinción de edad entre ellos. Un salto importante lo encontramos en los mosaicos del siglo VI de la iglesia de San Apolinar in Nuevo en la ciudad italiana de Rávena. Aquí aparecen por primera vez los famosos tres nombres sobre los personajes que portan sus presentes al niño Jesús. Melchor se representa imberbe, como el más joven, Gaspar el anciano con barba blanca y Baltasar con barba color castaña (imagen superior). Pero hay que esperar a pinturas o esculturas del siglo XV, o sea, a finales del gótico, para que Baltasar aparezca con la tez negra, posiblemente de procedencia etíope, como podemos comprobar en la tabla central del tríptico pintado al óleo en 1479 por Memling, conservado en el Museo del Prado, en el que aparece el rey negro a nuestra derecha (imagen inferior), lo que no había ocurrido con anterioridad. Probablemente es una propuesta que surge en Alemania a principios del S. XV y se difunde por Europa con gran rapidez.

     Bien, ya tenemos tres, sus nombres y uno de raza negra ¿pero cuándo se convirtieron en reyes? Hay que tener presente, que durante el medievo, la magia y por lo tanto los magos, estaban mal vistos por la iglesia católica, incluso perseguidos, así que el gorro frigio que llevaban se transformó en corona (la iconografía románica los presenta así, incluso manuscritos prerrománicos) y sus vistosas y coloridas vestimentas orientales en indumentarias más sencillas, acordes con los gustos de la Alta Edad Media. Serán los pintores flamencos de los siglos XV y XVI, Van der Weyden, o el ya mencionado Memling, los que vistieron a los ya tres Reyes Magos con lujosas indumentarias, como les vemos hoy día en las cabalgatas que recorren nuestras calles en vísperas del seis del enero, o en las figuritas que forman parte de nuestros belenes navideños. A partir de aquí, según los gustos y lugares se les ha representado de muy diversa forma, pero siempre fácil de identificar en cualquier parte.
     Respecto al número de tres regalos, se pueden establecer  una larga serie de correspondencias, como: La Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo); las tres Edades del hombre (infancia, madurez y vejez); los tres continentes conocidos en la Edad Media (Asia, África y Europa), que a su vez se correspondían con las tres razas humanas (blanca, negra y amarilla) descendientes de los tres hijos de Noé: Sem, Cam y Jafet.
    
     Decir por último, que según una tradición, lógicamente sin base histórica alguna, los Reyes Magos fueron trasladados en 1164  por orden de Federico Barbarroja a la catedral de Colonia en Alemania, donde reposan en un relicario de oro, detrás del altar mayor.
      Ramón Rodríguez Campillo

3 comentarios:

  1. muy interesante dedonde sale esta histoira que yo pensaba que era falsa

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  2. Me es muy interesante me aclara preguntas que yo mismo me hacia.

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