sábado, 7 de febrero de 2015

Busto del emperador romano Adriano


       El 3 de noviembre de 2014 fue descubierto en el municipio murciano de Yecla, una hermosa imagen de 52 cm. de altura del emperador romano Adriano. Nacido en España, en la antigua ciudad de Itálica (Sevilla) en el año 76 de nuestra era, falleció en Italia 62 años después en el 138. Falleció en Italia 62 años después en el 138. La belleza, calidad y factura del busto es similar a las conservadas en importantes colecciones del Museo del Prado, o British Museum de Londres. La escultura ha sido presentada en el Museo Arqueológico de Murcia, y será expuesta en Yecla de manera definitiva.
     Apareció en un edificio de grandes dimensiones relacionado con el uso del agua, en el yacimiento arqueológico de los Torrejones. El material empleado en la ejecución del busto es mármol blanco de gran calidad y está datado en el siglo II, concretamente en el 135, unos tres años antes de la muerte del emperador. Presenta una altura de 52 cm. y una profundidad de 28 cm. El excelente estado de conservación que presenta, permite un estudio detallado del mismo.
     La cabeza se encuentra ligeramente girada hacia la izquierda. Casualmente, el uso de la barba se generaliza en los retratos romanos a partir de este emperador, así que, no es extraño que aparezca con el rostro barbado y, cabello ondulado como venía siendo habitual, moda que continuará en el futuro. Cabría destacar, que esa disposición de los mechones provoca en su frente una especie de aureola. A pesar de ser una imagen ejecutada cuando el emperador contaba cerca de 60 años, no refleja esa edad, pues los rasgos de la vejez no se podían presentar en el rostro de la máxima autoridad, ya que sería un indicio de decadencia, de debilidad, de falta de fuerzas física y mental. En fin, de ser un gobernante cuya capacidad para el cargo se encontraría mermada. Por lo tanto, los emperadores aparecen representados, en general, en una joven edad madura. Lo cual no quiere decir que no haya nada de realismo en la escultura, pero la tendencia a la idealización del personaje es evidente, algo que no sucedía con otros ciudadanos romanos más corrientes. 
      
      Ramón Rodríguez Campillo

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