domingo, 22 de febrero de 2015

La tentación de Santo Tomás de Aquino, el Velázquez de Orihuela.


Se trata de un óleo sobre lienzo de 244 x 203 cm. Hoy se puede admirar esta obra de Velázquez en el Museo Diocesano de Arte Sacro de Orihuela (Alicante), aunque hasta los primeros años del S. XX estaba colgado de la sacristía de la Iglesia del Colegio de Santo Domingo de Orihuela (en realidad antigua Universidad), regido por los dominicos a cuya Orden pertenecía Santo Tomás de Aquino. En el cuadro aparece en primer término, dominando la parte central, Santo Tomás de Aquino arrodillado, casi desmayado, sostenido por un ángel y observado por otro que sostiene un cinturón blanco. La habitación en la que se encuentran está presidida por una chimenea de la que se ha extraído un tronco quemado que rueda por el suelo, y con el que se ha dibujado una cruz en la pared. Un bodegón compuesto por una mesa, útiles de escritura y libros completan la escena. En un segundo plano, más difuso, atravesando una sala en la que se ha captado la atmósfera, hay una puerta abierta por la que huye una mujer, dando un golpe de luz a la penumbra del fondo de la estancia y creando un escorzo con la puerta. Parece que estamos ante un claro antecedente de “Las Meninas”.

 El tema que da título al cuadro corresponde a un episodio de la vida de Santo Tomás de Aquino sacado de la “Leyenda dorada”, donde Santiago de la Vorágine narra como el santo no contaba con la aprobación de su familia para seguir la carrera eclesiástica. Para alejarlo de su vocación, lo encerraron en una torre e introdujeron en su habitación una joven prostituta, a la que Santo Tomás espantó amenazándola con un tizón encendido. Tras ese momento de enorme turbación espiritual, dos ángeles bajaron del cielo reconfortándole y trayéndole un cinturón de castidad, tras lo cual jamás volvió a sentir la tentación de la carne. Era por tanto un tema ejemplarizante muy apropiado para los estudiantes del Colegio de Santo Domingo. Aunque lógicamente no era un tema creado por Velázquez, ya que desde el gótico otros artistas lo habían representado, adquiere aquí un aire sublime sin parangón por la sensibilidad e intimidad con que nos lo muestra, por la captación del espíritu y humanidad del Santo, y por la concepción espacial.

"Sto. Tomás recibe el cíngulo de la castidad".
Pedro Perruguete. Convento de Sto. Tomás, Ávila.

De entre los distintos objetos se representan, hay dos que tienen especial relevancia por ser los atributos  tradicionales asociados a Santo Tomás de Aquino: los libros y el tintero con la pluma. Los libros apelan a la erudición del personaje y a sus obras, son símbolo del conocimiento; y en relación a esto, el tintero y la pluma están vinculados a los Doctores de la Iglesia famosos por sus escritos. También el cíngulo o cinturón blanco que porta el ángel suele ser muchas veces atributo del santo.

El cuadro ha tenido diversas atribuciones a lo largo del tiempo. En principio se planteó la posibilidad de que la obra hubiese sido realizada por el pintor murciano Pedro Villacís, pero también hubo quien se lo atribuyó al artista granadino Alonso Cano, amigo personal de Velázquez. Otros nombres barajados han sido Zurbarán, Mazo, Carreño, Coello, Maíno y hasta Murillo. Desde principios del S. XX, los especialistas fueron decantándose cada vez más por Velázquez, y ya Elías Tormo apuntaba que pudiera tratarse de una composición ejecutada conjuntamente por Velázquez, a quien correspondería la parte central de la composición y las figuras humanas, y Alonso Cano, responsable del diseño y de una parte mínima de la obra, e incluso añadía que la minuciosidad con que estaban plasmados los elementos de la derecha (chimenea, tintero, mesa y libros) recordaban bastante a Zurbarán. Allende-Salazar compartía la misma opinión, matizando que Cano habría iniciado el cuadro del que habría concluido las figuras del santo dominico y el ángel que lo reconforta, pero que habría interrumpido su labor en 1644 por su fuga a Valencia para eludir un crimen, por lo que su amigo Velázquez habría rematado la mujer del fondo y el otro ángel, el cual denota haber sido pintado dos veces en la parte inferior.

Sería Camón Aznar desde 1964 el que definitivamente alejó cualquier sospecha en cuanto a la autoría, aventurando que Velázquez comenzó a pintarlo hacia 1629, pero suspendió su ejecución por el primer viaje a Italia (1629-1631), a cuya vuelta lo retomaría en 1632, corrigiendo a partir de lo que allí había aprendido. Efectivamente, hay muchos indicios en la obra que apelan a una clara influencia italiana. La composición, por ejemplo, es muy rigurosa y contenida, quedando comprendidas las figuras de Santo Tomás y el ángel dentro de un triángulo al que complejamente se le superpone un aspa cuyo centro es la cabeza del santo, algo que Velázquez habría visionado detenidamente en el clasicismo de la escuela romano-boloñesa. Observemos también la túnica del ángel que sostienen el cíngulo, la cual rectificó en la parte inferior izquierda para darle una forma recta, en cuyo color malva racheado de blanco (desde entonces muy típico en Velázquez) la influencia de la pintura italiana es especialmente notable, como ocurre también con la túnica amarilla del ángel que está agachado, puesto que ambos colores evidencian la influencia del neovenecianismo que por entonces predominaba en Roma. La meretriz que escapa al fondo, cuya vulgaridad contrasta con la serenidad y nobleza del ángel que tiene al lado, recuerda bastante el estilo de algunos retratos de cortesanas que pintó Tintoretto. La chimenea que está sacada del Tratado de arquitectura de Serlio que Velázquez muy probablemente adquirió en Roma.

"Dama que se descubre el pecho".
Tintoretto. Museo del Prado, Madrid.

Chimenea del Tratado de Serlio

Las circunstancias sobre cómo acabó en la localidad alicantina quedaron aclaradas por Sánchez Portas a partir del estudio de un pleito conservado en la Catedral de Orihuela por la cuestión del reparto de un subsidio de 420.000 ducados impuesto al clero por el Papa Pío IV, del cual el Colegio quedaba exento aunque esta prebenda no era reconocida por el Cabildo catedralicio. Supuestamente lo había donado el dominico Fray Antonio de Sotomayor, confesor de Felipe IV, como agradecimiento por haber sido nombrado un año antes protector del Colegio de Santo Domingo al dirigir el pleito y dar finalmente sentencia favorable a los dominicos. Precisamente, el 17 de julio de ese mismo año, Fray Antonio de Sotomayor fue nombrado Inquisidor General de España, cargo que detentaría hasta 1643. Para otros el cuadro sería un encargo de otro dominico, Fray Tomás de Rocamora, al que el Colegio había enviado a Madrid para gestionar el pleito en 1631 y 1632, antes de que la obra, que ya  desde marzo de 1632 se encontraba en Orihuela, estuviese acabada. Ambos religiosos tenían acceso a Velázquez por su relación con la Corona, cosa que hace factible cualquiera de las dos posibilidades.

Vista del Colegio de Sto. Domingo, Orihuela

BIBLIOGRAFÍA:

·        HALL, J. “Diccionario de temas y símbolos artísticos”. Ed. Alianza, 1987.
·        VV.AA. “Velázquez”. Catálogo de la exposición. Ed. Museo del Prado, 1990.
·        VV.AA. “La luz de la imágenes”. Catálogo de la exposición celebrada en Orihuela. 2003.
·       NEGREDO DEL CERRO, F. “Gobernar en la sombra. Fray Antonio de Sotomayor, confesor de Felipe IV”. Mágina: Revista Universitaria, Nº 13, Jaén, 2009. Págs. 85-102.


Andrés Serrano Del Toro.

3 comentarios:

  1. El cuadro es indudablemente de Diego Velazquez. La puerta del fondo por donde sale la prostituta, el juego de luz y sombras, el brillante rosado del angel con pincel tan suelto, todo lo demuestra. Quien dice que Velazquez no sabia de actitudes misticas vea el rostro de su genial Cristo Crucificado de tanta emocion religiosa. Magistral ademas la actitid de cansancio del Santo despues de lucha tan fiera.

    ResponderEliminar