jueves, 26 de marzo de 2015

El agua embotellada puede ser peligrosa.


Más de 1.100 millones de personas en el Mundo no tienen acceso al agua potable segura, y cuentan con una media de 5 litros diarios por persona cuando la media ideal sería de 20 litros por persona al día. En contraste con esto, cada europeo gasta entre 200 y 300 litros, y un estadounidense 575 litros al día.
En el Mundo se gastan al año más 100.000 millones de dólares al año en adquirir agua embotellada, notándose un incremento de la demanda a partir del 2014, resultando ser unas 100 veces más cara que la del grifo. Como vemos se ha convertido en un negocio muy rentable, en donde no se tiene en cuenta el gasto energético que genera el proceso de embotellamiento y el posterior transporte de las botellas en barcos, trenes y camiones. Los recipientes se suelen fabricar con tereflalato de polietileno, un derivado del petróleo, que además no serán reciclados debidamente. En EE.UU al menos el 86 % se convierten en una basura que tardará más de 1.000 años en biodegradarse. Al quemar estos plásticos se liberan tóxicos como el gas clorado.


El agua que se comercializa embotellada en bares,tiendas y supermercados, podría no ser tan saludable como se dice en los anuncios de las distintas marcas, donde aparecen personas practicando deporte o yoga en medio de la naturaleza. Los científicos de hecho piensan que hay unas 24.520 sustancias químicas nocivas en al menos 18 conocidas marcas de agua. Se trataría de elementos disruptores endocrinos químicos que podrían afectar a nuestro sistema hormonal, generando en el cuerpo tumores cancerígenos, deformaciones en los recién nacidos, problemas cardiovasculares y trastornos en el metabolismo y desarrollo normal del cuerpo.


Se ha llegado a esta conclusión tras analizar en los laboratorios agua embotellada, detectando en ella una enorme presencia de los EDC, como antiestrógenos y antiandrógenos en la mayoría, además de sustancias progestaténicas y glucocorticoides, desinfectantes para el agua y restos de productos farmacéuticos. Una cantidad de 3,75 litros de este agua produjo que los receptores de estrógeno y andrógenos captaran un 60% y un 90% menos respectivamente.
En la orina de un 95% de las personas que consumen este agua, fue detectado restos de bisfenol-A. Chris Winder, profesor de toxicología en la Universidad Católica Australiana, tras estudiarlo en animales, alertó sobre los problemas generados por el bisfenol-A en la salud, sobre todo en el aparato reproductor, en el sistema nervioso central, tiroides, además de provocar obesidad, hipertensión y diabetes.

Andrés Serrano Del Toro.

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