martes, 28 de abril de 2015

"La Nevada" o "La Tormenta de nieve", de Francisco de Goya


A partir de 1775, Goya recibirá los primeros encargos de la Corte, participando junto con otros artistas en la creación de modelos o cartones para confeccionar a partir de ellos los tapices de los palacios.  Los pintará en total setenta y tres lienzos agrupados en tres series, de 1775-1780, de 1786 -1788 y los últimos de 1791-1792.
Si bien en general los temas eran de inspiración popular de acuerdo con los gustos de la nueva nobleza ilustrada,  en la primera serie las escenas de caza y las diversiones populares  eran las que ocupaban las pinturas, pues a los nobles les gustaban, ante todo, las actividades cinegéticas y ser espectadores de la vida cotidiana de unas clases populares felices, ataviadas como majos y majas, con un toque de humor en medio de un ambiente risueño, de acuerdo con lo que en Europa ya habían desarrollado Watteau, Boucher y Fragonard.
Sin embargo, la segunda serie a la cual pertenece “La tormenta de nieve” o “La nevada”, se vuelve más oscura, mostrando imágenes que poco tienen de placenteras.  Del conjunto de las cuatro estaciones que a tal efecto pintó, la nevada desentona al lado de las otras, pues no es una escena amable. Tres hombres amontonados tratan de abrigarse embozados en mantas mientras avanzan con dificultad, precedidos de otro que porta un fusil, insinuando los peligros que acechan, y portando un cerdo muerto sobre un burro que les servirá de comida durante el trayecto. Goya aquí es sensible a la dura vida cotidiana del pueblo llano, denunciando su situación como testigo.
Siempre me ha llamado la atención la indumentaria  del individuo que está a la derecha de los tres que caminan juntos. Evidentemente guarda una estrecha relación con la indumentaria popular murciana (o levantina) del S. XVIII. Bajo la manta, nos deja ver un zaragüel de negrilla que cubre otro de lienzo blanco. Unas medias de tonos anaranjados están sujetas mediante atapiernas, calzadas con unas esparteñas similares a las que Juan de la Cruz Cano y Olmedilla nos muestra en sus grabados. 

Andrés Serrano Del Toro.

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