lunes, 9 de mayo de 2016

Las primeras escuelas de la Historia

     Desde el tercer milenio antes de Jesucristo en las ciudades- estado sumerias existían las edubba, que vendría a significar “casa de las tablillas”, término utilizado para referirse a la escuela, en donde se trataba de enseñar y difundir los conocimientos que entonces se tenían. La enseñanza no era obligatoria, ni mucho menos gratuita, sólo para aquellos niños y jóvenes que pudieran pagársela. Se enseñaba fundamentalmente el arte de la escritura cuneiforme y aritmética, materias muy necesarias para adquirir la prestigiada condición de escriba, que permitía trabajar al interesado al servicio del Estado, de un templo, o de un rico particular que necesitara sus servicios. El horario escolar era extenso, pues se prolongaba desde la mañana temprano hasta la tarde y las sesiones de trabajo eran duras y disciplinadas, con severos castigos corporales, si al juicio del maestro, o de sus ayudantes, los alumnos no seguían sus indicaciones y hacían lo correcto. El período de escolarización duraba unos doce años y, después de los cuales, el joven se convertía en un escriba profesional. Los escribas eran los hijos de los ciudadanos más ricos de las comunidades urbanas. No consta ni una sola mujer como escriba, hay que esperar a la época babilónica hacia el 1800 antes de Cristo para encontrarlas.
     En las edduba se enseñaba a manejar el cálamo, que consistía en una caña hueca, cortada oblicuamente en uno de sus extremos, y se obtenía del tallo de una planta o de una pluma de ave, y con ella escribían en una tablilla de arcilla húmeda. Con el descubrimiento en la ciudad de Uruk de tablillas que llevan listas de palabras con el posible objetivo de memorizarlas, hay quién deduce,  que en el año 3000 antes de Cristo, ya había escribas que pensaban en términos de enseñanza y de estudio. Pero hubo que esperar unos quinientos años para que apareciesen cierto número de escuelas por toda Sumer, en donde se enseñara la práctica de la escritura. A principios del siglo XX, ya se descubrieron un número importante de “tablillas escolares” en una vieja ciudad sumeria, con una antigüedad de cuatro mil quinientos años aproximadamente. No obstante, la mayoría de las tablillas de barro cocido que aparecen en las excavaciones son de carácter económico y administrativo, lo cual, es indicativo de la gran cantidad de escribas que había dedicados a estos a estos menesteres, y la facilidad que tenían los mismos para encontrar trabajo.
     Hasta que no llegamos al segundo milenio antes de Cristo, no encontramos información en los textos que nos han llegado sobre el sistema educativo sumerio, su organización, o los métodos que utilizaban. Sin embargo, en esta época aparecen tablillas escritas por los alumnos, que vendrían a ser los deberes que estaban obligados a realizar y que los especialistas, suponen que formaban parte de sus tareas escolares diarias. Estos ejercicios varían desde los típicos garabatos de los más pequeños, hasta los signos mejor escritos. Así que, lo que podríamos considerar estos primigenios cuadernos, nos informan sobre los métodos pedagógicos de las escuelas sumerias y sobre sus programas educativos. Además, los maestros sumerios eran proclives a dejarnos por escrito como se desarrollaba la vida escolar y nos transmiten una valiosa información de cómo era la escuela sumeria, sus tendencias, sus objetivos, sus maestros, sus estudiantes y sus métodos de enseñanza. Algo completamente excepcional y único, si tenemos en cuenta el período al que nos estamos remontando, prácticamente cuatro mil años hacia atrás en la historia del hombre.
     Las primeras escuelas sumerias se dedicaban a la formación de escribas, en previsión de sus futuros trabajos como administradores de los templos o funcionarios de Palacio. Pero más tarde, se transformaron en centros de cultura y el saber sumerio, en donde se formaba en las distintas ramas del conocimiento: botánica, zoología, mineralogía, geografía, matemáticas, gramática, etc. Además, con el paso del tiempo fue adquiriendo un carácter más laico, a la vez que se separaba de los templos. Había alumnos que consagraban su vida a la enseñanza y el estudio.
     A la cabeza de la escuela se encontraba el ummia, el profesor, que recibía el título de “padre de la escuela”, que equivalía al cargo de Director. Contaba con la ayuda de un auxiliar que se le denominaba “gran hermano” (nada que ver con el famoso programa televisivo que, dicho sea de paso, no se me ha ocurrido ver en mi vida) y los alumnos, que eran llamados “hijos de la escuela”, quiero pensar que era la forma más habitual de referirse a ellos. Había, además, vigilantes encargados de controlar la asistencia y la disciplina (las amonestaciones que empleaban era el látigo, mucho más convincente que un parte por escrito). Respecto a la cuestión económica, “el padre de la escuela” se encargaría de cobrar el montante del proceso educativo y, éste, de suministrarle el salario a los subalternos (pensando que no era un "chorizo", por supuesto).

     En cuanto al aspecto que tendría una escuela en estos tiempos tan remotos, parece ser, que contaban con una o dos habitaciones, equivalentes a nuestras aulas actuales, y contenían varias filas de bancos fabricados con adobe, en donde podían sentarse entre uno y cuatro alumnos. Como podemos comprobar, cualquier otra construcción era más costosa y menos práctica que levantar una escuela, la cual, garantizaría un futuro mejor para una sociedad tan necesitada de avances en todas las materias.
      Ramón Rodríguez Campillo

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